La Explosión De Palabras

Nov 12 |
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Fotomontaje La Mega

Por: El Chancho

Historias de PEDO: Blog de Historias y cuentos...

Ramiro era un chico muy estudioso que vivía en una ciudad fuera de la capital; recientemente tuvo la oportunidad de regresar a su casa pero había algo que en el último mes lo había incomodado demasiado.

Rosita era la nueva empleada de la casa de Ramiro en la capital y era de esas muchachitas creídas que creían ser las dueñas de casa por encima de su patrona y se toman atribuciones que no deben.

Como la dueña de casa no pasaba mucho allí la mujer había llegado al punto de ponerse las ropas de la doña e incluso de dormir en su cama; la mujer era toda una sangre fría y Ramiro ya sabía que tenía un comportamiento bien complicado.

Durante ese mes en cuestión en el que Ramiro andaba “cabezón”, fueron varias las veces que dejó recados importantísimos con la empleada y esta literalmente se hizo la tonta para entregarlos.

Varias veces Rosita le tiró el teléfono a Ramiro diciendo que la señal estaba mala o que la señora no estaba con tal de que no le interrumpieran su novela. Ramiro estaba ya iracundo con la actitud de la señorita que ni si quiera lo veía como el “hijo de la doña” sino como “el man de los domicilios”.

Ramiro viajó a la capital y este pensamiento recurrente se convirtió en una bomba de insultos que llegarían a explotar cuando este personaje viera de frente a Rosita.

- Ya va a ver esta gran…- Repetía una y otra vez en su mente, mientras apretaba duro los brazos de la silla en su avión.

La azafata pasa con el carrito de la comida y ofrece pescado a Ramiro, este no es fanático de la comida de mar pero el hambre lo atormentaba así que accedió a probar el manjar mientras seguía pensando cual sería el insulto más largo o el grito más alto que le iba a meter a Rosita.

Llegó a la capital y repentinamente sintió como una puñalada en el estómago, sabía que no debía haber pedido pescado pero ya el mal estaba hecho, el tipo iba en el taxi y decidió aguantar hasta llegar a su casa, igual por su mente sólo pasaban insultos y venganzas contra la “pobre” Rosita.

Luego de tener más que estudiado el parlamento de improperios que durarían como 4 minutos seguidos, su “venganza” se empezó a desmoronar por un trancón terrible que sucedía en la ciudad; había cambio de planes, primero meterse al baño a como diera lugar y luego si cantarle la tabla a la “vieja creída esa”.

Los intestinos saben cuando su dueño se acerca al hogar y desgarrándole por dentro le exigían a Ramiro que corriera como fuera al baño más cercano; el plan del tipo se reducía en tirarle la maleta en la cara a Rosita y entrar con urgencia al baño, los segundos ahora eran valiosos y los sonidos de sus tripas eran más sonoros que las malas palabras que pretendía decir.

Ramiro sube como un cohete las escaleras y timbra desesperado, una mujer “bonita” y con cara de extrañada abre la puerta y Ramiro presa del afán no le deja la maleta en su “rostro” sino que se la tira a sus pies tratando de deshacerse de todo peso que le impida llegar al inodoro… sin mediar palabra con la mujer que impávida ve la mochila del hombre a sus pies, Ramiro se quita el cinturón con una habilidad de stripper y descansa por fin las nalgas en el baño, luego de tirar un portazo monumental del mismo.

-Maldito pescado, Maldito pescadoooo… Gritaba Ramiro sin cesar mientras cerraba los ojos y se apretaba la panza. Ahora los insultos que debían ser para Rosita se descargaron sobre el alimento consumido en medio de horripilantes sonidos de sus flatulencias y de una “descarga” escatológica explosiva impresionante.

Ramiro pasa unos minutos eternos sin poder dominar su barriga y en medio del sufrimiento unos gritos al exterior del baño empezaron a opacar los suyos…

- ¿Quién está en el baño Yolanda????.
- No sé señor, un hombre me tiró una maleta a los pies y entró corriendo como un loco al baño.
- ¿Pero quién es?, ¿Ud lo conoce?... ¿Quién carajos está en el baño!!!!?.
- Don Gerardo que susto!!! ¿Qué hacemos?.

Ramiro se pone alerta y descubre con rapidez que no conoce a ninguna Yolanda y que su madre no convive con su padre desde que se separaron y obvio no se llama “Don Gerardo”; revisa su entorno y nota que el baño está muy lejos de ser siquiera parecido al que alguna vez uso… evidentemente esa no era su casa.

Su pensamiento lleno de palabras malas se llenó de futuras disculpas y vergüenza; el olor era nauseabundo y allí no había ni ambientador ni fósforos; mientras el tipo de afuera golpeaba repetidamente la puerta Ramiro descargaba sus gracias. Desesperado y muy apenado nuestro protagonista explica con voz temblorosa lo que ha sucedido y las carcajadas de Yolanda fueron inevitables.

Ramiro equivocó su entrada triunfal en un número de apartamento entrando directamente a donde su vecino, Don Gerardo se sintió aún más avergonzado y prefirió callar esta historia, pero Yolanda era muy amiga de Rosita y esta, antes de renunciar a la casa por otro tipo de motivos, no tuvo reparo en contar esta “fábula” a la madre de Ramiro haciendo de esta anécdota la favorita de la familia en festividades decembrinas.

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Recomendado/Más info: @juannavidad10
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